martes, 27 de mayo de 2008

Oda líquida

Rio Duero, rio Duero,

nadie a acompañarte baja,

nadie se detiene a oir

tu eterna estrofa de agua.


Este es parte de la poesía que Gerardo Diego dedicó al majestuoso río Duero. Majestuoso en sus tramos bajos, navegable cuando entra en Portugal, pero aprendiz de río en Urbión. Aquí nace, salta, corre y juega como zagal lugareño. ¡¡¡Cuantos te han cantado!!! Pero son muchos más los que te han querido y refrescados en tus orillas te han cantado en silencio.

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